En Estados Unidos los legisladores de Washington están debatiendo reformas a gran escala sobre el sistema de atención de la salud mental y los analistas están observando cuidadosamente un puñado de nuevos programas de tratamiento que tratan de aliviar potencialmente el ciclo de hospitalización y discapacidad que de por vida aflige a tanta gente con enfermedades mentales. En un artículo en The New York Times se explican varias casos concretos de personas que tras ser diagnosticados con psicosis o esquizofrenia, han aprendido poco a a poco a hacerse cargo de su propia recuperación gracias a nuevos enfoques terapéuticos que se están llevando a cabo en personas que han experimentando un primer episodio psicótico.

En programas como el emprendido en la ciudad de New York llamado OnTrackNY se centran en los pacientes jóvenes entre los 16 y 30 años con primeros episodios de psicosis que experimentan síntomas como alucinaciones auditivas o visuales, sentimientos paranoides, pensamiento desorganizado o cambios en el comportamiento. Comprende un trabajo multidisciplinar cuyos servicios se adaptan a las necesidades de cada individuo a través de terapias individuales y de grupo, tratamiento farmacológico en que se comparte con el paciente los pros y contras de cada medicación, y asistencia para integrarse en la sociedad a través de un trabajo, la escuela y con el apoyo de las familias.

En un estudio publicado este otoño los investigadores aseguraban que después de dos años, las personas que eran tratadas con este paquete combinado de medidas estaban haciendo mejor vida que los que recibieron el tratamiento habitual. La diferencia era modesta ero notable. Y, significativamente, los participantes continuaron recibiendo atención durante seis meses más de promedio.

La filosofía que hay detrás de estos programas como OnTrackNY y otros programas similares se basa en dos principios. El primero de ellos es que las personas tienen más probabilidades de beneficiarse del programa cuando los servicios de apoyo están disponibles como un paquete completo: es decir, una relación duradera con un terapeuta; orientación familiar; asistencia escolar y laboral; terapia de grupo; y la administración de medicamentos. La mayoría de los centros de tratamiento ofrecen algunos, pero no todos estos elementos, basados ​​en parte en lo que está cubierto por el seguro -tan importante en Estados Unidos-. El asesoramiento laboral/académico y el apoyo a las familias por lo general no están cubiertos. El segundo principio es que las personas son más propensas a aceptar y a continuar el tratamiento si son partícipes en determinar su dirección. Aunque esta idea no es nueva, la colaboración con el paciente ha pasado a un segundo plano en los últimos tiempos y se pretende recuperarla para que ellos noten que están en control de su situación.

Los programas de Evaluación y Alianza Temprana para jóvenes que experimentan síntomas de la psicosis por primera vez (denominados EASA en Estados Unidos) comenzó con cinco centros y con el paso de años se ha extendido por todo el país gracias a las subvenciones globales destinadas por el Congreso en 2014 para financiar este tipo de programas. Aunque de momento estos nuevos enfoques no han reducido el número de hospitalizaciones, alrededor del 80% de las personas que se inscribieron en el programa OnTrackNY hace 18 meses se mantienen en el programa. La mayoría de ellos, cerca de un 60%, estaban todavía en la escuela o trabajando. Estas cifras son muy superiores a las que se presentan en este país con tratamientos tradicionales. Las razones de la mejora, según afirman los expertos, son debidas a una mayor participación de la familia, mayor colaboración en las decisiones de la medicación, y el hecho de que, a diferencia de lo que ocurre con otros programas, el personal se molesta en localizar a las personas que faltan a las citas.

Muchas personas dejan la medicación no sólo por los efectos secundarios, sino porque no creen que la medicina esté mejorando su situación. Estos nuevos programas se preocupan de estas dudas que tienen los pacientes haciéndoles ver a través de familiares cómo se producen cambios de comportamiento importante cuando las dosis se reducen gradualmente. Los diarios proporcionan un registro claro desde múltiples puntos de vista que les permite darse cuenta de la importancia de tomar la medicación. Es otro de los beneficios de estos programas cada vez más extendidos en los Estados Unidos y que también están cada vez más generalizados en nuestro país.