Como asegura el especialista en cirugía plástica Julio Terrén en un artículo en noticiasdelaciencia.com, «muchos de ellos deciden someterse a cirugías plásticas innecesarias para corregir sus imperfecciones pero el resultado no suele ser el deseado, la mayoría no consigue satisfacer sus expectativas». La cirugía plástica no es la mejor solución para problemas que tienen sus raíces en algo mucho más profundo que la apariencia externa. El defecto percibido puede ser solo una pequeña imperfección o incluso algo inexistente, pero para una persona con TDC el defecto es importante y prominente, hasta el punto de convertirse en una obsesión. «Suele causar angustia emocional severa y dificultades en el funcionamiento diario. Estos pensamientos obsesivos pueden llevar a comportamientos compulsivos como no dejar de mirarse en el espejo, preguntar a todas horas sobre su propia apariencia o el uso excesivo de maquillaje para tapar imperfecciones», afirma el experto.

El TDC se desarrolla más frecuentemente en adolescentes y jóvenes. Las investigaciones muestran que afecta a hombres y mujeres por igual. Las causas de su aparición no están definidas, pero pueden contribuir a su desarrollo ciertos factores biológicos y ambientales, incluyendo la predisposición genética, factores neurobiológicos como el mal funcionamiento de la serotonina en el cerebro, los rasgos de personalidad y determinadas experiencias en la vida. Cuando una persona con trastorno dismórfico corporal contempla un rostro su cerebro lo procesa en una región cerebral en el cual algunos rasgos faciales están exageradamente marcados. No está claro por qué sucede esto ni qué otros factores intervienen.

Las personas con TDC sufren obsesiones sobre su apariencia que pueden durar horas incluso días enteros. Estas obsesiones impiden a las personas centrarse en otra cosa que no sean sus imperfecciones. Las personas con severos grados de TDC pueden pasarse días y semanas enteras sin salir a la calle e incluso pueden tener pensamientos de suicidio. Los enfermos con TDC tienden a desarrollar un comportamiento compulsivo o repetitivo para tratar de ocultar o mejorar sus defectos, aunque estos comportamientos solo permitan un alivio temporal. Estos son algunos de los síntomas más habituales:

  • Camuflar el defecto con la ropa, el maquillaje, el pelo, sombreros, etc.
  • Estar constantemente mirándose en los espejos
  • Existe también el extremo contrario: las personas que evitan los espejos.
  • Depresión o fobia social
  • Abuso de la cirugía estética o de los tratamientos dermatológicos
  • Necesidad de saber en todo momento que opinan los demás de su físico

«La cirugía no es la solución adecuada; la persona con TDC debe acudir a un profesional relacionado con el mundo de la psiquiatría para estudiar su caso y establecer un diagnóstico y un tratamiento», concluye el Doctor Terrén.